viernes, 25 de marzo de 2011

"SEÑOR DAME FORTALEZA Y ALEGRIA"


"SEÑOR DAME FORTALEZA Y ALEGRIA"

Señor:
Dame fuerzas cuando me sienta débil, coraje para enfrentar las
adversidades, alegría para alegrar a aquellos que sólo saben llorar.
Que yo pueda hacer el bien a los que necesitan, sea con una palabra,
sea con un gesto, sea con una sonrisa.
Señor, alimenta mi alma con tu luz, hazme relucir entre las tinieblas.
De la falta de fe y de esperanza, líbrame,
Levántame, fortifícame, enséñame el camino de la verdad y la
comprensión.
Aliméntame de sabiduría para que pueda discernir lo que es correcto
de lo que no es, para que no incurra en errores y no lleve a otros a
hacer lo mismo.
Señor, Oye mi súplica, escucha mi corazón, toca ahora mi alma y
reanímala,
pues a veces me vence la tristeza.
Levántame a mí y a todos los que cayeron alguna vez, ayúdanos a no
tener miedo de volver a caer.
Visita a mi família, mi casa, mis amigos, mis enemigos, a aquellos
que todavía voy a conocer y aquellos que ya no veo.
Divide con ellos el pan de tu misericórdia y bondad, tócales el
corazón para que también sientan tu presencia y crean verdaderamente
en un mundo mejor.
Visita a todos aquellos que necesiten de tu presencia Para que
puedan iluminarse con tu belleza y amor.
Que sepan que fuera de ti, no hay nada Señor!!
Gracias, Señor

(Agradecemos a Lidya Fernández habernos enviado esta
hermosa oración la cual compartimos con ustedes)

" VEN ESPIRITU DE AMOR "


" VEN ESPIRITU DE AMOR "

Amor divino, lazo sagrado que unes al Padre omnipotente y a su
bienaventurado Hijo, todopoderoso Espíritu consolador, dulcísimo
consolador de los afligidos, penetra con tu soberana virtud lo más
profundo de mi corazón; que tu presencia amiga llene de alegría, por
el brillo deslumbrante de tu luz, los rincones oscuros de mi morada
abandonada; ven a fecundar con la riqueza de tu rocío lo que ha
marchitado una larga sequía.

Desgarra, con un dardo de tu amor, el secreto de mi desorientado ser
interior, penetrando con tu fuego salvador la médula de mi corazón
que languidece y consume, proyectando en él la llama de un santo
ardor.

Júzgame Señor, y separa mi causa de los impíos. Enséñame a hacer tu
voluntad, porque tú eres mi Dios. Sí, creo que donde tú habitas,
estableces también la mansión del Padre y del Hijo. Dichoso el que
sea digno de tenerte por huésped, puesto que por tí el Padre y el
Hijo harán en él su morada.

Ven, pues bondadosísimo consolador del alma que sufre, ayuda en la
prueba y en el descanso. Ven, tú que purificas las manchas, tú que
curas las llagas. Ven, fuerza de los débiles, sostén de los que caen.
Ven doctor de los humildes, vencedor de los orgullosos. Ven, dulce
Padre de los huérfanos, juez de las viudas lleno de mansedumbre. Ven,
estrella de los navegantes, puerto de los naúfragos. Ven, esperanza
de los pobres, consuelo de los que desfallecen. Ven, gloria insigne
de todos los vivos.

Ven, el más santo de los espíritus; ven y ten piedad de mí. Hazme
conforme a tí e inclínate hacia mí con benevolencia para que mi
pequeñez encuentre gracia ante tu grandeza, mi impotencia ante tu
fuerza; según tu inmensa misericordia por Jesucristo mi salvador, que
vive en unidad con el Padre y contigo, y que siendo Dios, reina por
los siglos de los siglos.
Amén
(Juan de Fécamp).

Cuando un alma se abandona al Espíritu Santo, éste la educa poco a
poco y la gobierna. Al principio no sabe donde va, pero poco a poco,
la luz interior le ilumina y le hace ver todas sus acciones y el
gobierno de Dios en sus acciones, de manera que no tiene casi otra
cosa que hacer que dejar obrar a Dios en él y que haga lo que le
guste; de este modo avanza maravillosamente
.


"ORACION POR LOS POBRES"



"ORACION POR LOS POBRES"

Yo, que estoy bien calzado, te ruego Señor, por los centenares de
millones de hombres, Que caminan con los pies desnudos sobre las
calles entre el polvo y sobre las piedras. Yo, que jamás he sabido lo
que quiere decir no tener vestido, te ruego por los hombres Mis
hermanos que no tienen con qué cubrirse. Yo, que cada mañana leo los
diarios, que paso las semanas en las bibliotecas y muchos años en la
escuela, Me pongo de rodillas junto a la mesa de analfabetos. Yo, que
tengo siempre a mi disposición: el médico, las medicinas, las
enfermeras, te ruego junto a todos Los que luchan contra el terror de
las enfermedades contagiosas o incurables y que mueren sobre un
camastro sin ningún alivio. Yo, en fin, que te conozco y siento la
protección maternal de María que me socorre en mi debilidad, Que soy
heredero de una grande generación cristiana, me uno a la multitud de
aquellos que no te conocen Y que te habían servido, quizá, con más
amor y con infinito reconocimiento. Te ruego Padre, que hagas caer
sobre mi frío saber un rayo de tu luz, a fin de que comience A
comprender, a ver y amar; que caigan, finalmente las escamas de mis
ojos adormecidos. Amén.