Al Sagrado Corazón Autor: Beato John Henry Newman



Al Sagrado Corazón 

Oh, Sagrado Corazón de Jesús, te adoro en la unidad indivisible de la
Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Todo lo que pertenece a la
Persona divina, por lo mismo, pertenece a Jesús y debe ser adorado en
este mismo y único culto que rendimos a Jesús. Él no tomó la
naturaleza humana como algo que fuera distinto y separado de Él, sino
la hace simple, absoluta y eternamente suya, de forma que esta
naturaleza sea incluida, por nosotros, en la misma idea de su nombre.
Te adoro, oh Corazón de Jesús, pues eres Jesús mismo; eres el Verbo
eterno en la naturaleza a la que se ha unido enteramente y en la que
vive para siempre y, por consiguiente, en Ti.
Tú eres el Corazón del Altísimo hecho hombre.
Adorándote a Ti, adoro a mi Dios encarnado, Emmanuel.
Te adoro en la función que has tenido en esta Pasión que es mi vida:
ya que Tú te rompiste y quebrantaste en la agonía del Huerto de
Gethsemani, donde tu sangre preciosa, filtrándose por las venas y
poros de la piel, corrió hasta la tierra. Y has estado agotado hasta
ser secado sobre la Cruz. Y después de la muerte, fuiste atravesado
por la lanza para entregarnos los últimos vestigios de ese tesoro
inestimable que es nuestra Redención.
Mi Dios, mi Salvador, adoro tu Corazón Sagrado, ya que este Corazón
es la sede y la fuente de todas tus más tiernos afectos por nosotros,
pecadores. Él es el instrumento y el órgano de tu amor. Él ha latido
por nosotros. Ha suspirado con gran deseo de nuestro amor. Ha sufrido
dolores por nosotros y por nuestra salvación. El celo lo inflama,
para que la gloria de Dios fuera manifestada en nosotros y por
nosotros.
Él es el canal por el que tu afecto humano desbordante ha venido a
nosotros; por el que nos ha venido toda tu desbordante caridad. Toda
tu compasión por nosotros, como Dios y como hombre, como nuestro
Creador, nuestro Redentor, y nuestro Juez, ha venido a nosotros y
viene siempre, ya que este Sagrado Corazón, en un río, mezcla las
corrientes inseparablemente.
¡Oh símbolo muy sagrado y Sacramento del amor divino y humano en su
plenitud! Me has salvado por tu virtud divina y por tu amor humano y,
en fin, por esta sangre milagrosa de la cual rebosas.
Oh muy santo y muy amante Corazón de Jesús. Estás escondido en la
Santa Eucaristía, y allí lates siempre por nosotros Te adoro, pues,
con todo mi mejor amor y toda mi veneración; con mi afecto ferviente
y mi voluntad más sumisa y resuelta.
Oh, mi Dios, cuando condesciendes sufrir que te reciba, te coma y
beba y que, por un momento, hagas tu morada en mí, oh, haz latir mi
corazón con el tuyo! Purifícalo de todo lo terreno, de todo orgullo y
sensualidad, de todo lo duro y cruel, de toda perversidad, de todo
desorden, de toda languidez! Llénalo de tal forma de Ti que ni los
avatares del día, ni ninguna circunstancia pueda perjudicarle, pero
que en tu temor y amor pueda encontrar la paz.
Amén.
Autor: Beato John Henry Newman

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